Testimonio Anónimo

C.R.G:

La etapa más bonita de mi vida fue la juventud, hasta que me fui a la mili; a los 14 años dejé la escuela, no quería estudiar, me gustaba trabajar, y las motos han sido siempre mi perdición; mi primer oficio fue como mecánico; me he casado y divorciado dos veces, tengo dos hijas y nunca he estado en la cárcel.

Me he dedicado toda mi vida a trabajar, he estado por toda España, construyendo invernaderos, pintando, como jornalero en una fábrica de cristales, de todo;  siempre trabajos duros, pero siempre trabajando.

La adicción  que he tenido siempre ha sido el alcohol, antes eran cubatas, ahora solo bebo cerveza de vez en cuando; porque eso me llevó al fondo del pozo, caí en una profunda depresión; no fue solo el alcohol; mi madre calló enferma de alzheimer, mi padre murió de cáncer, y cerraron la fábrica donde trabajaba, entre unas cosas y otras, me habitué al trankimazin;  nada más levantarme por las mañanas, me tenía que tomar medio; a raíz de esto, fui al psiquiatra, pero era muy caro, no tenía para pagar 50€ cada vez que fuese; así que ingresé en un centro de desintoxicación; cuando entré, pesaba 50 kilos, me fumaba un paquete de tabaco por las noches, y todos los días consumía trankimazin mezclado con alcohol.

 Allí estuve 25 días, costó 2700€, con garantía de seguimiento psicológico y psiquiátrico durante un año, que no me hizo falta; salí genial de allí, nuevo, cogí peso, confianza en mí mismo y capacidad para afrontar las cosas de otra manera.

De vez en cuando me como el coco, porque llevo 6 años en ADEAT, sin trabajo, sin nada, y la cosa no parece que vaya a mejorar; pero he decidido no comerme más la cabeza, que no hay trabajo, pues es lo que hay, y voy afrontando lo que va viniendo.

Mi madre es lo que más preocupado me tiene, llevo 8 años viéndola en cama.

Actualmente estoy mejor, me veo mejor, dejé las malas amistades, que eran las que me hacían volver a consumir.