Mi Historia

"Me llamó D.C.R, tengo 39 años, y he hecho muchas cosas mal a lo largo de mi vida, que poco a poco voy recomponiendo por piezas, como si de un puzle se tratara, el puzle más difícil que jamás pude encontrar.

Nací en 1975  en Málaga, donde viví durante más de 20 años. En mi casa éramos 6, mis padres, mis tres hermanos y yo, que soy la mayor. Mi infancia con ellos fue buena; no teníamos grandes problemas y nos llevábamos bien. Cuando llegué a la adolescencia, empecé a conocer el mundo de la fiesta; con mi grupo de amigos probamos a consumir cannabis, por curiosidad y ganas de parecer mayores, y ahí empezó todo. Al principio, sólo fumaba cannabis con mis amigos cuando queríamos salir a divertirnos, después, vinieron las pastillas. Al poco tiempo, mis fiestas se alargaron de una noche a varios días sin aparecer por casa; durante este tiempo, noté que cada vez consumía más y más, que necesitaba más cantidad para poder tener el mismo efecto.

A los 18 años me eché mi primer novio, que era consumidor de heroína vía pulmonar (fumada), por lo que empecé a consumir heroína yo también, hasta que me quedé embarazada. Tuve a  mi niño con 21 años; durante el tiempo que duró el embarazo, y hasta que mi hijo tuvo dos años, me estabilicé y dejé de consumir; sin embargo, con el padre del niño se terminó la relación poco después de que mi hijo naciera.

Cuando cumplí los 23 años, me quedé embarazada otra vez de una segunda pareja. Fue entonces cuando recaí y volví a consumir; esto supuso el detonante para los problemas familiares de convivencia, pues siempre estaba pidiendo dinero, salía y no volvía en varios días, y no entendía que los intentos de mis padres por impedir mis salidas eran por mi bien, así que siempre estábamos discutiendo. Al volver a recaer en el consumo, tuve que ceder la custodia de mi hijo mayor a mi madre, puesto que yo no podía hacerme cargo de él; tras el nacimiento de mi hija, se hizo cargo de ella una hermana de su padre, puesto que yo seguía consumiendo, no estaba bien y mi situación no era estable; además, había empezado a prostituirme para poder obtener dinero con el que pagarme la droga; mi familia se enteró y a partir de este momento, se rompió totalmente cualquier tipo de relación con mi familia, y me quedé sola.

Me fui de Málaga. Viajé a Granada, a Sevilla, a Fuengirola, a donde fuera necesario. Sobrevivía como podía, vivía en la calle, comía en comedores sociales o donde pillaba, volví a ejercer la prostitución para poder conseguir dinero con el que comprarme la droga que consumía, y como cada vez consumía más, más me tenía que vender por dinero. En estas circunstancias conocí a mi última pareja, con quien tuve en 2007 a mi tercer hijo, una niña. Durante este último embarazo, al igual que en el anterior, consumí; de modo que cuando llegué al hospital para parir yo ya sabía que mi hija nacería con síndrome de abstinencia, y le conté todo a los médicos: mi situación, mi consumo, mi modo de ganarme la vida. Me quitaron a la niña en cuanto nació; Servicios Sociales vino a por ella y se la llevaron; no he vuelto a saber nada de ella hasta el día de hoy.

Un año después de tener a mi tercera hija, vine a Córdoba de la  mano del Centro RETO, donde apenas si duré una semana. Fue cuando salí de allí que conocí a ADEAT, sitio que frecuenté a diario durante un par de años para comer, ducharme, lavar mi ropa, etc.; durante ese tiempo, vivía en la calle y mantenía el mismo estilo de vida que antes de tener a mi última niña. En ADEAT me pusieron en contacto con el Centro Provincial de Drogodependencias, con el que comencé el protocolo de citas con el médico, la trabajadora social, los psicólogos, aunque tampoco tenía intención de dejarme ayudar, y no puse esfuerzo en hacer lo que ellos me recomendaban. De casualidad, tras un arrebato, me fui a Sevilla para ingresar en el centro Betel; estuve allí dos meses hasta que me volvía a Córdoba, hablé con mi médico para que estableciese un punto de dispensación de metadona para mí, y aunque no dejé de consumir, más o menos me estabilicé; durante este tiempo estuve conviviendo con un  muchacho que consumía de manera esporádica cocaína; yo empecé a consumirla con él, y poco a poco mi consumo volvió a ser mayor y mayor, hasta que los problemas económicos que nuestro vicio acarreaba fueron a más y se terminó la relación.

En ese momento estaba hecha polvo; apenas si pesaba 45 kilos, estaba demacrada, no comía y mi vida era un círculo vicioso autodestructivo. Me di cuenta de que aquí no podía seguir, y pedí ayuda; hablé con ADEAT, hablé con mis médicos del CPD, hablé con todo aquel que pudiera ayudarme; esta vez estaba decidida a aprovechar toda la ayuda que pudiera recibir y poner en orden mi vida de una vez.

A finales del 2010 me llamaron de la Fundación EMET- Arcoíris, había plaza para mí en una de sus Comunidades Terapéuticas. Allí estuve seis meses. Durante el tiempo que pasé allí, asistí a sesiones individuales con los psicólogos y técnicos, además de realizar múltiples sesiones de terapia grupal en las que comprobé que no era la única persona con problemas, que había más gente como yo. Como parte de la Terapia Familiar que realizaban allí, los encargados del centro comenzaron a indagar para ponerse en contacto con mi familia, de la que hacía más de diez años de la que no sabía nada; consiguieron hablar con mi cuñada, quien les puso en contacto con el reto de la familia. Resultó que habían intentado buscarme, y que tras varios intentos infructuosos me habían dado por muerta; cuando consiguieron establecer contacto con ellos, hablaron con los trabajadores de la Comunidad Terapéutica y con los técnicos de la Casa de Acogida, y los convencieron de que era verdad que estaba dando pasos para recuperarme

Cuando salí de la Comunidad Terapéutica, creo que en Marzo de 2011, querían que fuera a Sevilla a un piso de Inserción; me negué, quería quedarme en Córdoba como fuera. Lo conseguí y en Mayo de ese mismo año entré en la Casa de Acogida, y estuve cuatro meses estuve en el Módulo Abierto de la misma; durante estos meses comencé mi búsqueda de empleo: hice curriculums con la ayuda los técnicos del Albergue, y los repartí por todas partes; me llamaron para empezar a trabajar de Auxiliar de Ayuda de Domicilio en CLECE S.A. y me pasaron al Módulo de Inserción del Albergue, donde estuve un año. Durante este tiempo que pasé en el Albergue, me concedieron un  permiso de 15 días para poder ir a Málaga y retomar el contacto que ya habíamos empezado en la Comunidad Terapéutica con mi familia. Para mí, este viaje fue clave en mi recuperación; mis padres organizaron una comida con toda la familia, para que todo el mundo viera que estaba bien, y fue su manera de volver a darme la bienvenida a la familia.

Cuando en Julio de 2012 salí de la Casa de Acogida, alquilé una habitación en un piso compartido; sin embargo, mis compañeras eran jóvenes y estaban siempre saliendo y entrando, y montaban muchas fiestas en el piso; yo buscaba algo más tranquilo, lejos del ambiente fiestero que tantos problemas me había acarreado, y  al año, en 2013, alquilé un piso propio en el barrio de la Fuensanta, en Córdoba.

He estado trabajando en CLECE hasta hace un par de meses, que encontré un trabajo de interna cuidando a una persona mayor, y aquí estoy a día de hoy. Actualmente, mientras ahorro para poder irme algún día a Málaga con ellos, mantengo contacto frecuente con mi familia, voy regularmente a visitarlos y ellos también vienen a Córdoba; he vuelto a conocer a mi hijo, y aunque de momento la custodia la sigue teniendo mi madre, sé que  voy por el buen camino para recomponer el puzle de mi vida, y que mi hijo algún día podrá sentirse orgulloso de su madre."

D.C.R. fue premiada en Mayo de 2014 por el II Premio a la Inclusión Social, otorgada por la Fundación Prolibertas, en el que se ponía de relieve los esfuerzos que esta persona había realizado por dejar atrás la situación en la que se encontraba de exclusión social y en pro de la inclusión.